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Fargo: la película que te juró que era una historia real (y te la coló)

- PELÍCULA
- Fargo (1996)
- ORIGINAL
- Fargo
- DIRECCIÓN
- Joel Coen (escrita y producida con Ethan Coen)
- REPARTO
- Frances McDormand, William H. Macy, Steve Buscemi, Peter Stormare, Harve Presnell
Llevo cuarenta años sentándome en butacas que crujen y he aprendido una cosa: cuando una película te avisa en el primer minuto de que «esto es una historia real», agárrate la cartera. Normalmente lo que viene detrás es un telefilme de sobremesa con música de piano triste. Con Fargo fue al revés. Te soltaba la frase, te la creías como un pardillo… y te comías una de las mejores películas de los noventa. Era mentira. Y daba igual.
La trola, explicada
La película arranca con un cartelito que asegura que los hechos ocurrieron en Minnesota en 1987 que, a petición de los supervivientes, se han cambiado los nombres y que, por respeto a los muertos, el resto se cuenta tal y como ocurrió. Precioso. Lástima que no haya ni un superviviente ni un muerto de verdad al que respetar. Los propios hermanos Coen acabaron reconociendo que se basaban en un caso real «de forma general» y que los personajes eran inventados; años después, Joel Coen fue más allá y dijo que la historia estaba completamente inventada, que lo único verdadero que tenía era que es una historia.
En Minnesota hubo quien la relacionó con el abogado T. Eugene Thompson, condenado en los sesenta por encargar el asesinato de su mujer. Los Coen dijeron que ni lo conocían. Otros la emparentaron con un crimen de 1986 en Connecticut. Snopes, la web que se dedica a cazar bulos, la despachó en 1998 sin contemplaciones: el «es una historia real» era una broma. Una broma de 98 minutos con nieve hasta las rodillas.
¿Por qué lo hicieron? Según Joel, porque si el público cree que algo pasó de verdad, te deja tomarte libertades que de otro modo no te aceptaría. Es decir: nos tomaron el pelo a todos para que dejáramos de mirar con lupa y nos dejáramos llevar. Y funcionó. Tiene más mérito que la mitad de los biopics que nos colocan cada año con el cartelito de marras.
Ni rodada en Fargo, ni casi en Fargo
Segundo timo, este más simpático: la película se llama Fargo y en Fargo pasa… lo justo para justificar el título. La mayor parte se rodó en la zona de Minneapolis y Saint Paul y en el condado de Pembina, en Dakota del Norte. Y aquí viene lo bueno: aquel invierno nevó poco en el sur de Minnesota y el equipo tuvo que irse cada vez más al norte persiguiendo la nieve. Una película entera de gente congelada… que tuvo que salir a buscar el frío porque no llegaba. Si eso no es cine, que baje Dios y lo vea.
Lo que importa: la película
Dejémonos de cartelitos. Fargo funciona porque es un mecanismo de relojería manejado por idiotas. Un vendedor de coches endeudado (William H. Macy, sudando angustia por cada poro) organiza el secuestro de su propia mujer para sacarle el dinero al suegro. Contrata a dos matones de saldo: uno que no se calla nunca (Steve Buscemi) y otro que no habla jamás (Peter Stormare), que es todavía peor. Todo lo que puede salir mal sale peor. Y en medio de ese desastre aparece Marge Gunderson, jefa de policía, embarazada de siete meses, amable hasta la exasperación y más lista que todos los demás juntos.
Frances McDormand se llevó el Óscar a la mejor actriz y no se lo regaló nadie. Hace algo dificilísimo: un personaje bueno que no aburre. Marge no tiene traumas, no tiene pasado oscuro, no grita, no sale en cámara lenta. Come, pregunta, piensa y resuelve. Hoy le meterían una subtrama de divorcio y una secuela en una plataforma. En 1996 bastaba con que fuera buena en su trabajo.
El humor es negro como el café que me tomo para aguantar ciertos estrenos. Te ríes de los acentos, de los «ya, ya» de Minnesota, de la educación imposible de todo el mundo… y de repente la película te pega un mazazo de violencia seca que te borra la sonrisa. Ese cambio de marcha es lo más difícil que hay en cine y los Coen lo hacen con la mano izquierda. Hay una escena con una trituradora que, si la has visto, no hace falta que te la recuerde, y si no la has visto, no te la voy a destripar.
Pegas, que alguna tiene
Que nadie diga que El Caimán regala estrellas. A ratos la película mira a sus personajes desde demasiado arriba, como quien observa hormigas, y alguno de los secundarios es más caricatura que persona. La subtrama del antiguo compañero de instituto de Marge descoloca a la primera; a la segunda vez entiendes que está ahí para enseñarte que la gente miente con una naturalidad pasmosa, que es exactamente de lo que va la película. Bien jugado. Pero a la primera, descoloca.
Los números
Costó unos 7 millones de dólares y recaudó alrededor de 60 millones en todo el mundo. Ganó dos Óscar (actriz y guion original) de siete candidaturas, y en Cannes Joel Coen se llevó el premio a la mejor dirección. Luego vino una serie de televisión con el mismo título, que es otra historia y para otro día, que hoy no tengo el cuerpo.
El veredicto
Fargo es la prueba de que el «basado en hechos reales» es una etiqueta de marketing, no un certificado de calidad. Te mienten en el primer plano y te dicen la verdad en todos los demás: sobre la codicia, sobre la estupidez y sobre lo poco que hace falta para que un plan de mediocres acabe en tragedia. Si no la has visto, no sé qué haces leyéndome. Si la has visto, vuelve a verla sabiendo que es mentira. Es todavía mejor.

EL TROLLACO OPINA: O sea, que te pones «historia real» al principio y te dan dos Óscar. Apuntado. Mañana mismo pongo «ESTO ES UNA HISTORIA REAL» encima del Trollaco Run.
Fuentes de los datos (la opinión es solo del Caimán):
- Wikipedia (en inglés), artículo «Fargo (1996 film)»
- Snopes, comprobación sobre Fargo (1998)
- eCartelera, «8 curiosidades de Fargo»
- decine21, reportaje sobre Fargo y los hechos reales

Cuarenta años en butacas que crujen. No se casa con nadie, no regala estrellas y no ha visto un tráiler entero desde 1994.
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