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EXPEDIENTE 01/17

El Palacio de Linares

La niña que nunca se fue

⏱️ Lectura: 6 min

Ilustración de El Palacio de Linares

Pasas por delante cada vez que cruzas Cibeles. Miles de coches al día, turistas haciéndose fotos, el Palacio de Comunicaciones enfrente. Nada que temer. Pero cuando cae la noche y se apagan las luces de la Casa de América, hay quien jura que en una de las ventanas altas aparece una silueta pequeña. Demasiado pequeña para ser de un adulto.

Un palacio para el hombre más rico de Madrid

Para entender el fantasma hay que entender primero al dueño. José de Murga y Reolid era uno de los banqueros más ricos de la España del siglo XIX, y en 1873 el rey Amadeo de Saboya le dio el título de marqués de Linares. Un año antes había comprado al Ayuntamiento un solar en el mejor sitio posible: la esquina de Cibeles, sobre los terrenos de los antiguos Molinos de Plata y del Pósito Real.

Las obras se encargaron en 1877 al arquitecto municipal Carlos Colubí, con diseños del francés Adolf Ombrecht, y después intervino Manuel Aníbal Álvarez, autor de la escalera de mármol de Carrara, las caballerizas y una pieza que hoy es clave en la leyenda: la casita de muñecas del jardín. Los marqueses se mudaron en 1884, pero el palacio no se dio por terminado hasta 1900. Tenía de todo: salones de baile, una capilla privada en la planta noble con su sacristía y su coro, y una decoración que hacía palidecer a la de muchos palacios reales.

La carta, la hermana y la niña

Aquí empieza la parte que se cuenta en voz baja. José se casó con Raimunda de Osorio y Ortega, una joven de origen humilde, y su padre, Mateo Murga, nunca aprobó la boda. Dice la leyenda que José se fue a Londres a estudiar para alejarse de ella, que volvió cuando su padre murió y que, ya casado, encontró una carta escondida entre los papeles del difunto.

La carta explicaba el porqué de tanta oposición: Raimunda era hija del propio Mateo, fruto de una aventura con una cigarrera de Lavapiés. O sea, que los marqueses eran medio hermanos. Según esta versión, el matrimonio pidió ayuda al Papa, que les concedió una bula llamada Casti convivere: podían seguir viviendo juntos, pero como hermanos, sin tocarse.

Y entonces llega lo peor. Antes de descubrir la carta habían tenido una hija, Raimundita. Una niña que era la prueba viva del escándalo. La leyenda dice que la emparedaron en algún rincón del palacio para que nadie la viera jamás. Desde entonces, su fantasma vaga por los pasillos, juega en la casita de muñecas y repite una y otra vez la misma palabra: «mamá».

Cien llaves y un siglo de silencio

Tras la muerte de los marqueses, el palacio pasó a Raimunda Avecilla, condesa de Villapadierna, y después a una larga lista de dueños: Trasmediterránea, la Confederación de Cajas de Ahorros, el Ayuntamiento, el empresario Emiliano Revilla… Ninguno lo usó de verdad. Sufrió la Guerra Civil y estuvo a punto de ser derribado. Lo salvó en 1976 su declaración como Monumento Histórico-Artístico.

Durante décadas fue un edificio cerrado «con cien llaves», con los muebles tapados y el polvo acumulándose en los salones. Ese abandono es el caldo de cultivo perfecto para cualquier historia. Solo se abrió para cosas puntuales, como el rodaje de Patrimonio nacional de Berlanga en 1981.

Mayo de 1990: las psicofonías

En mayo de 1990, con el palacio vacío y en plena restauración, se dieron a conocer unas grabaciones hechas en su interior. Lo que se escuchaba en ellas recorrió toda España: voces infantiles entre el silencio, frases sueltas, algo parecido a una niña pidiendo a su madre. Las llamadas psicofonías del Palacio de Linares se convirtieron en las más famosas del país.

A partir de ahí, todo el mundo tenía algo que contar. Vigilantes de seguridad que hablaban de puertas que se cerraban solas. Obreros que oían pasos en salas vacías. Y una supuesta cara en una pared de la capilla que, según decían, había aparecido sin que nadie la pintara.

Hoy: Casa de América

La restauración costó una fortuna y en 1992, coincidiendo con el quinto centenario del viaje de Colón y la capitalidad cultural europea de Madrid, el palacio reabrió como Casa de América, un centro cultural dedicado a Latinoamérica. Ese mismo año apareció en el reverso del último billete de 10.000 pesetas. En 2017 volvieron al palacio dos retratos de los marqueses pintados por Francisco Pradilla en 1888.

Hoy se hacen visitas guiadas, conciertos y exposiciones. Y aun así, quien pasa por Cibeles de noche no puede evitarlo: levanta la vista hacia las ventanas altas. Por si acaso.

🕰️ Cronología

🤯 Datos para flipar

  • La escalera principal es de mármol de Carrara, el mismo que usaba Miguel Ángel.
  • El palacio salió en el billete de 10.000 pesetas de 1992.
  • Estuvo casi un siglo cerrado «con cien llaves».
  • La historiadora Clara Tahoces sostiene que ni la carta ni la bula papal existieron.
  • Los marqueses no tuvieron hijos: adoptaron a una niña, Raimunda Avecilla, que llegó a adulta.

🔬 Lo que dicen los escépticos

Los documentos no sostienen la leyenda. No hay ninguna prueba de que los marqueses fueran hermanos, ni de que existiera la bula Casti convivere. Tampoco tuvieron hijos: adoptaron a una niña, Raimunda Avecilla, que creció, se casó y heredó el palacio. Investigaciones posteriores concluyeron que las psicofonías de 1990 eran falsas y que formaban parte de una operación para promocionar un libro, y la «cara» de la capilla resultó ser una mancha de humedad. Ya en 1990 el escritor Torcuato Luca de Tena publicó en ABC un artículo desmontando muchos de esos rumores.

EL TROLLACO OPINA: He estado en la cafetería de la Casa de América. El café, buenísimo. Lo de que alguien me soplara en la nuca al pagar... prefiero no hablar de ello.

📍 Cómo visitarlo

Está en la plaza de Cibeles, 2 (metro Banco de España). La Casa de América organiza visitas guiadas al palacio, normalmente los fines de semana y con reserva previa: consulta horarios y precio en su web oficial antes de ir. Los jardines, con la casita de muñecas, se ven en parte desde el paseo de Recoletos.

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Fuentes consultadas: Wikipedia (Palacio de Linares), Casa de América, ABC (1990), Clara Tahoces, Guías Viajar. Texto e ilustración de Trollacos. Contamos la leyenda como leyenda y, al final, lo que dicen los escépticos.

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